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Historias increíbles: La ficción que se volvió realidad

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Hey babies! Sí, sé que hace mil que no escribo pero es que las ganas de hacerlo han ido y viniendo, aunque mayormente el problema ha sido mi vicio a un videojuego que, quien me siga en Instagram, sabrá a cuál me refiero, pero bueno... tampoco quería dejar pasar la oportunidad de hacer este post para celebrar (a ver... celebrar tampoco es la palabra correcta para una tragedia, ¿verdad?) el 113º aniversario del hundimiento del Titanic y, aprovechando que tengo esta sección tan chula que empecé hace un tiempo llamada "Historias increíbles" sacando historias del libro más increíble del mundo y donde mencionan a ese mastodóntico barco, pero... curiosamente no es el Titanic, yo ahí lo dejo...

Un escritor predijo su muerte en el choque contra un iceberg

Un palacio flotante zarpó de Southampton en 1898, en su viaje inaugural. Era el mayor y más grandioso transatlántico jamás construido, con instalaciones lujosas. Pero el navío, que transportaba a pasajeros poseedores de grandes fortunas, nunca llegó a su destino: su casco se rompió al chocar con un iceberg y el barco se hundió, con una gran pérdida de vidas.

Ese transatlántico existía solo en papel, fruto de la imaginación de un novelista llamado Morgan Robertson, que llamó Titan a su barco de ficción y Futility (Futilidad) a la obra que escribió.

Tanto la ficción como la futilidad iban a convertirse en una terrible realidad. Catorce años después, un auténtico transatlántico de lujo partió en un viaje inaugural similar. También llevaba a bordo pasajeros adinerados. También chocó contra un iceberg y se hundió; y, tal como en la novela de Robertson, el desastre causó la pérdida de innumerables vidas, ya que el barco no disponía de suficientes botes salvavidas. La tragedia ocurrió en la noche del 10 de abril de 1912. El barco era el Titanic.

La premonición de un pasajero

El Titan de la novela de Robertson presentaba, además del nombre, muchos otros paralelismos con el verdadero Titanic. Ambos tenían aproximadamente el mismo tamaño, alcanzaban la misma velocidad y poseían la misma capacidad, lo que les permitía transportar cerca de 3000 pasajeros. Ambos eran considerados "insumergibles", y ambos se hundieron exactamente en el mismo lugar del Atlántico Norte.

Pero las extrañas coincidencias no terminan ahí. El famoso periodista W.T. Stead publicó, en 1892, una historia que resultó ser una inquietante predicción del desastre del Titanic. Stead, un espiritista, fue también una de las 1513 personas que perecieron cuando el Titanic se hundió.

Evocación salvadora

Ni la novela de horror de Robertson ni el relato profético de Stead sirvieron de advertencia al comandante del Titanic en 1912. Pero el recuerdo de aquella aterradora tragedia salvó otro navío en circunstancias semejantes, 23 años más tarde.

Un joven marinero llamado William Reeves se encontraba vigilando la proa de un barco de carga que viajaba de Tyneside a Canadá en 1935. Corría el mes de abril, el mes de los desastres contra icebergs —reales o ficticios—, que asombraban el espíritu del joven Reeves mientras hacía su guardia solitaria en la proa del carguero rumbo a Canadá. Su guardia debía terminar a medianoche, la misma hora en que, según sabía, el Titanic había chocado con el iceberg, en un mar igualmente tranquilo.

Estos pensamientos tomaron forma y crecieron como presagios temibles en la mente del marinero, que continuaba su guardia solitaria. Sus ojos, cansados y enrojecidos, escrutaban el horizonte en busca de alguna señal de peligro, sin divisar nada más que una oscuridad impenetrable y sin horizonte. Tuvo miedo de hacer sonar la alarma, temiendo las burlas de sus compañeros. Y también tuvo miedo de no hacerlo.

De pronto, recordó la fecha exacta en la que el Titanic se hundió: el 10 de abril de 1912. La coincidencia era terrible: ese era el día en que él había nacido. La creciente sensación de fatalismo se apoderó de Reeves hasta convertirse en una certeza aterradora. Dio la voz de alarma y el timonel mandó dar marcha atrás a toda velocidad. El navío se detuvo en un remolino de espuma, a escasos metros de un iceberg que se erguía amenazador en la oscuridad de la noche. Icebergs aún más aterradores rodeaban el carguero, y los rompehielos de Terra Nova tardaron nueve días en despejar el camino para el barco atrapado.

¿El nombre del pequeño navío que estuvo a punto de seguir el destino del Titanic? El Titanian.

Historias increíbles: Cuando el Diablo pasó por Devon

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Hey babies! Os voy a contar una historia: Hace muchos años, mis tíos, que viven en Portugal, tenían un par de libros muy especiales llamados 'O grande livro do maravilhoso e do fantástico' (del año 1977), eran tan especiales que uno de ellos terminó viniendo a España gracias a mi hermano (y el cual poseí durante unos meses) y el segundo se perdió durante mucho tiempo. Este año, en abril, fui de viaje a ver a la familia y uno de mis objetivos era encontrar ese segundo libro, el cual ni mi madre ni mis tíos habían logrado encontrar por más que buscaron. Y justo un día antes de marcharnos, se obró el tan esperado milagro. Ahí, justo ahí, debajo de otros muchos libros, medio escondido... ¡ahí está!.

Por fin reunidos

Ok, después de esta ida de olla (es que encontrar el libro fue realmente milagroso), ya llevaba meses queriendo empezar a subir cosas respecto a este libro (el de mi hermano volvió a su casa) porque es realmente increíble, Reader Digest tiene unos libros espectaculares y me encantaría encontrar el de 'Inverosímil. Fenómenos inexplicables', que lo encontré el pdf pero no es lo mismo.

Y como no sabía por dónde empezar, ¿qué tal algo misterioso?

Nota: Como los tengo que ir traduciendo del portugués al español me va a llevar algo de tiempo, pero quiero hacerlo bien porque este libro se lo merece.

¿Qué pudo haber dejado un rastro de 160 km de pisadas?

Imagen del libro

En todo el sur de Inglaterra, el invierno de 1854-1855 fue el más frío del que se tiene memoria. Durante la noche del 9 de febrero se verificó una fuerte helada que cubrió con 5 cm de nieve el condado de Devon. El río Exe se congeló, atrapando en el hielo a las incautas aves que se habían posado en él.

Cuando amaneció, la nieve era un manto blanco, liso y regular, donde se notaban apenas las marcas de las aves y otros animales y, a lo largo de 160 km, un rastro de misteriosas huellas, que zigzagueaban a través de 5 distritos, atravesando jardines, pasando sobre tejados, silos de heno y muros, entrando y saliendo de graneros.

Tenían unos 10 cm de longitud y 7 de anchura, eran distantes entre sí por alrededor de 20 cm y parecían haber sido hechas por un animal con pezuñas hendidas, que se desplazaba erguido sobre dos patas.

Los campesinos del área no dudaron ni un segundo en decir que esas huellas pertenecían al Diablo.

Pezuñas de fuego

Las misteriosas pisadas comenzaban en medio de un jardín en la parroquia de Totnes y terminaban tan misteriosamente como empezaban, en un campo en Littleham. En una de las aldeas, las huellas conducían a un cobertizo y salían por el otro lado. Quienquiera que las hubiera hecho, atravesó un orificio de cerca de 14,5 cm de diámetro. En otro pueblo, la extraña criatura parecía haberse arrastrado por una tubería de desagüe, a ambos lados de la cual había dejado huellas.

En algunos sitios las marcas parecían haber sido hechas por pezuñas incandescentes en la nieve helada o, como en Woodbury, junto a la puerta de la iglesia, por un hierro candente.

Centenares de personas vieron las pisadas. Las redacciones de los periódicos recibieron un sinfín de cartas sugiriendo varias interpretaciones de las mismas. En las proximidades del pueblo de Dawlish, el ratro conducía hasta un matorral denso, con helechos. Se dice que los perros que fueron conducidos hasta ese matorral para inspeccionarlo, retrocedieron, aullando de forma lúgubre.

Un sinfín de teorías

El naturalista Sir Richard Owen, en una carta dirigida al Ilustrated London News, sugirió que las huellas pertenecían a un tejón que coloca sus patas traseras sobre las marcas dejadas por las delanteras. Aunque hiberne, este animal a veces se arriesga a salir en busca de alimentos.

La extraña criatura también fue identificada como un zorro, una nutria, grullas, gatos monteses, un burro o un poni con una pezuña rota. Un naturalista aficionado llegó a sugerir que las huellas se asemejaban a las de un canguro y que el animal podría haberse escapado de un zoológico y después haber vuelto a su jaula sin que su ausencia hubiera sido notada. Las huellas también fueron atribuidas a ratas, conejos, ardillas y sapos.

El Reverendo Henry Fudsen, pastor de una parroquia, pronunció un sermón en el que declaró que las huellas eran las marcas de varios gatos. Un grupo de aldeanos, considerando la hipótesis de la existencia de un animal salvaje suelto, organizó un rastreo armados con horcas y garrotes, pero sin lograr ningún éxito.

Pero los habitantes de la región no quedaron convencidos. Muchos se negaron a salir después del atardecer, y los niños se escondían en armarios y lugares oscuros, aterrorizados por las historias que oían contar en torno a la chimenea: que el Diablo pasó por Devon en aquella noche de invierno.